Cuándo compensa cambiar la lavadora o el frigorífico, según los expertos
Un frigorífico con más de una década puede costarte hasta 100 euros extra al año en luz. Estas son las reglas para decidir entre reparar o sustituir.

Alargar la vida de un electrodoméstico suele parecer la opción barata, pero con la lavadora y el frigorífico esa lógica falla. Son dos de los aparatos que más electricidad consumen en un hogar y, pasada cierta edad, mantenerlos encendidos sale más caro que reemplazarlos. Así lo recoge un repaso publicado por Omicrono sobre los criterios que aplican los especialistas en eficiencia energética.
Por qué estos dos aparatos pesan tanto en la factura
El frigorífico es el único electrodoméstico que funciona las 24 horas del día, todos los días del año. Por sí solo puede representar cerca del 30% del consumo eléctrico de una vivienda. La lavadora no está siempre en marcha, pero cada ciclo exige picos altos de energía, sobre todo para calentar el agua.
A eso se suma el desgaste. Con los años, los aislantes pierden capacidad, y motores y compresores trabajan más para conseguir el mismo resultado. El aparato sigue funcionando, sí, pero consumiendo bastante más de lo que consumía cuando lo compraste. Es un sobrecoste que no se ve en ningún sitio salvo en el recibo de la luz.
El corte de 2021 en el etiquetado europeo
En marzo de 2021 entró en vigor el nuevo etiquetado energético de la Unión Europea, que simplificó la escala a siete letras de la A a la G y eliminó los antiguos A+, A++ y A+++. El cambio fue exigente a propósito: muchos modelos que antes lucían la máxima calificación pasaron a situarse en la mitad de la tabla.
Según los datos que maneja Omicrono, los aparatos fabricados antes de esa fecha consumen de media entre un 50% y un 60% más que los equivalentes actuales de clase A, B o C. Traducido a cifras concretas: un frigorífico antiguo de gama baja o con etiqueta A+ suele gastar entre 350 y 450 kWh al año, mientras que uno moderno de clase B o C se mueve entre 130 y 170 kWh. La diferencia ronda los 60 a 100 euros anuales solo en ese aparato.
Las dos reglas para decidir
Los especialistas coinciden en dos criterios sencillos que puedes aplicar en casa sin conocimientos técnicos:
- La edad del aparato. La vida útil recomendada se sitúa entre 10 y 15 años en frigoríficos y entre 8 y 12 en lavadoras, según la intensidad de uso. Superados los 10 o 12 años conviene valorar el reemplazo aunque el electrodoméstico siga dando servicio.
- El coste de la reparación. Si arreglarlo supera el 50% de lo que cuesta un equipo nuevo, la sustitución suele salir mejor. Es el caso típico de una avería grave —compresor roto o placa electrónica— en un aparato de más de siete años.
Con el ahorro energético que aporta un modelo actual, la compra se amortiza en un plazo estimado de cuatro a seis años. En lavadoras, los motores Inverter (que regulan la velocidad en lugar de funcionar a tirones) y los programas eco a baja temperatura permiten recortar hasta un 40% de electricidad por ciclo, además de miles de litros de agua al año.
Qué tener en cuenta antes de comprar
Las campañas de descuentos y las ayudas públicas de los Planes Renove acortan todavía más ese plazo de amortización, así que merece la pena comprobar qué convocatorias hay abiertas en tu comunidad autónoma antes de decidirte.
Conviene, eso sí, no automatizar la conclusión. Los números anteriores son medias: el ahorro real depende de cuánto uses el aparato, de la tarifa eléctrica que tengas contratada y del tamaño del equipo que compres. Un frigorífico mucho mayor de lo que necesitas puede comerse buena parte de la mejora de eficiencia. En la misma línea, otros hábitos domésticos que se dan por sentados no siempre salen a cuenta: ya vimos que apagar el termo eléctrico al salir de casa no siempre ahorra.
La idea de fondo es que, pasado cierto umbral, cambiar el electrodoméstico deja de ser un gasto imprevisto para convertirse en una inversión con retorno medible. Y ese umbral llega antes de lo que la mayoría piensa.
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Elaborado a partir de información publicada por Omicrono · Fuente primaria: documento original