Apagar el termo eléctrico al salir de casa no siempre ahorra luz
Un técnico de electrodomésticos desaconseja desconectar el termo cada vez que sales de casa: en modelos modernos, recalentar el depósito sale más caro.

Desconectar el termo eléctrico cada vez que sales por la puerta parece un gesto de sentido común para rebajar la factura de la luz. Según los técnicos consultados por Omicrono, en los aparatos modernos ese hábito puede acabar teniendo el efecto contrario: encarecer el consumo en lugar de reducirlo.
Qué dice el técnico
Ronald Rondón, técnico de la empresa Hermanos Pérez, es tajante con sus clientes: considera que no conviene apagar o desconectar el termo "cada vez que te vayas a trabajar o cuando te vayas 2 o 3 días de vacaciones". El razonamiento es sencillo. Un termo no está calentando agua todo el rato: alterna una fase de calentamiento intensa con una fase de mantenimiento en la que el gasto es casi residual.
Durante el calentamiento, un depósito estándar de 50 a 80 litros tira de resistencias que trabajan a una potencia de entre 1.200 y 1.500 vatios. Cuando el agua alcanza la temperatura programada, el aparato baja el ritmo y solo compensa las pérdidas de calor del depósito, que son pequeñas si el aislamiento es bueno.
El problema aparece cuando apagas el termo un par de días. El agua se enfría poco a poco y, al volver a encenderlo, el equipo tiene que recalentar todo el depósito desde cero trabajando de nuevo a máxima potencia. Eso, en palabras de Rondón, es "dinero que se nota": el aparato tarda poco, pero lo hace consumiendo al máximo.
Vatios no es lo mismo que euros
Conviene matizar un punto que el titular original deja algo confuso. Los 1.500 W son potencia, es decir, el ritmo al que el aparato consume electricidad en un momento dado. Lo que pagas en la factura es energía: potencia multiplicada por el tiempo que el aparato está funcionando, expresada en kilovatios hora (kWh). Un termo a 1.500 W durante una hora gasta 1,5 kWh.
Por eso la comparación real no es "1.500 W frente a nada", sino cuánta energía se pierde manteniendo el agua caliente varios días frente a cuánta hace falta para recalentar todo el depósito de golpe. Y ahí la respuesta depende de una variable concreta: lo bien o mal aislado que esté tu termo.
Los termos viejos son otra historia
El propio técnico admite la excepción. Si el aparato tiene ya unos años, su aislamiento térmico suele ser peor que el de los modelos actuales, pierde calor más rápido y mantenerlo encendido sin usarlo deja de compensar. En esos casos sí puede tener sentido apagarlo cuando la vivienda va a estar vacía.
Para salir de dudas, la pista está en la etiqueta de eficiencia energética del equipo, que recoge las pérdidas del depósito. Si el modelo pierde demasiado calor, una alternativa razonable es instalar un temporizador o un enchufe programable que active el termo solo en las franjas en las que vas a necesitar agua caliente, en lugar de encenderlo y apagarlo a mano.
Domótica y horarios de tarifa
Esa es precisamente una de las aplicaciones más rentables de los enchufes inteligentes en el hogar: programar el calentamiento en las horas en las que la electricidad es más barata y evitar que el aparato arranque justo en los tramos de tarifa punta. Es el mismo enfoque que se ha extendido a otros aparatos domésticos conectados, desde los electrodomésticos de cocina hasta los inodoros inteligentes que llegan al baño doméstico.
En cualquier caso, el consejo no es universal: antes de cambiar de hábito conviene mirar la antigüedad del termo, su capacidad y la etiqueta energética. Lo que ahorra en una casa con un depósito nuevo y bien aislado no tiene por qué ahorrar en otra con un aparato de hace quince años.
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Elaborado a partir de información publicada por Omicrono · Fuente primaria: documento original