Los inodoros inteligentes se abren hueco en casa y retan al papel higiénico
La domótica llega al baño: los inodoros conectados dejan de ser cosa de hoteles de lujo y apuntan a reducir el consumo de papel higiénico.

La domótica ya no se queda en el salón. Después de los altavoces, las persianas y los termostatos conectados, el siguiente espacio que está incorporando electrónica es el cuarto de baño, y ahí el protagonista es el inodoro inteligente. Un artículo publicado por Marca apunta a que estos dispositivos, hasta ahora asociados a hoteles de lujo o viviendas de diseño, empiezan a verse como una opción más en hogares corrientes, con un efecto colateral evidente: menos papel higiénico.
Qué es exactamente un inodoro inteligente
Bajo esa etiqueta se agrupan sanitarios que incorporan funciones electrónicas al uso tradicional. Lo más habitual es el sistema de lavado con agua, heredero del bidé japonés, al que se suman elementos como el secado por aire, la apertura y cierre automáticos de la tapa, la iluminación nocturna o el control de la descarga. Los modelos más avanzados se manejan desde un panel lateral, un mando o directamente desde una aplicación en el móvil, igual que cualquier otro aparato conectado del hogar.
La idea de fondo es sustituir total o parcialmente el papel por agua, con el argumento doble de la higiene y del ahorro de recursos. No es una tecnología nueva —en Japón lleva décadas siendo el estándar doméstico—, pero sí está cambiando su percepción en Europa, donde pasó mucho tiempo considerándose un extra caro.
Los números del papel higiénico
Los datos que recoge el artículo ayudan a dimensionar el mercado que está en juego. El consumo medio mundial ronda los 4 kilos por persona y año, aunque con enormes diferencias geográficas: entre el 70% y el 75% de la población del planeta, unos 4.000 millones de personas, directamente no utiliza papel higiénico y recurre al agua u otros métodos.
En el extremo opuesto está Estados Unidos, con unos 141 rollos por habitante al año, el equivalente a 22 kilos. La media europea se sitúa en torno a los 8 kilos anuales, con países como Suecia por encima, en unos 15 kilos por habitante. El mercado global del sector está valorado en más de 66.000 millones de dólares, y su fabricación consume a diario el equivalente a decenas de miles de árboles.
Por qué ahora
Que un sanitario incorpore electrónica no es un capricho aislado: encaja en la misma tendencia que ha llevado sensores y conectividad a electrodomésticos, cerraduras o sistemas de riego. Los componentes se han abaratado, la instalación se ha simplificado —existen tapas inteligentes que se montan sobre un inodoro convencional— y el usuario medio ya está acostumbrado a controlar objetos domésticos desde el teléfono.
Hay, eso sí, cuestiones prácticas que conviene tener presentes antes de dar el paso. Estos equipos necesitan toma eléctrica cerca del inodoro, algo que no todos los baños españoles tienen previsto, y una acometida de agua adecuada. Los modelos con calentador de agua o secador aumentan el consumo eléctrico del hogar, aunque sea de forma moderada.
Un aparato conectado más en casa
Y está el asunto de siempre cuando un objeto cotidiano se conecta a la red: todo dispositivo con wifi y aplicación asociada amplía la superficie expuesta de la red doméstica. No es un riesgo exclusivo de los baños, pero sí un recordatorio de que conviene aplicar las mismas precauciones que con las cámaras de seguridad del hogar: cambiar las contraseñas por defecto, mantener el firmware actualizado y revisar qué datos recopila el fabricante.
No parece que el papel higiénico vaya a desaparecer a corto plazo; su presencia está demasiado asentada en hábitos y en infraestructuras. Pero la dirección del mercado sí apunta a que la electrónica seguirá entrando en la última habitación de la casa que se le resistía.
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Elaborado a partir de información publicada por marca.com · Fuente primaria: documento original