Ulanqab, la ciudad china de las patatas que se ha vuelto clave para la IA
Una ciudad de Mongolia Interior conocida por su ganadería concentra ya 89 acuerdos de centros de datos gracias a la electricidad barata y al frío.

Si te piden nombrar ciudades chinas, es difícil que se te ocurra Ulanqab. Esta localidad de Mongolia Interior, históricamente asociada a la ganadería y al cultivo de patatas, se ha convertido en uno de los puntos de apoyo de la estrategia china en inteligencia artificial: allí se acumulan decenas de centros de datos que alimentan el entrenamiento y el uso de modelos de IA. Lo cuenta Xataka a partir de datos recogidos por el diario South China Morning Post y la agencia estatal Xinhua.
Un campus del tamaño de 17 campos de fútbol
El proyecto más llamativo es el Galaxy Campus, puesto en marcha por la compañía Envision Group. Ocupa 120.000 metros cuadrados, el equivalente a unos 17 campos de fútbol, y está diseñado para albergar hasta un millón de aceleradores de IA, los chips especializados que hacen posible entrenar y ejecutar modelos como los que hay detrás de los chatbots.
La cifra que da la medida real del proyecto es la eléctrica: más de 2 gigavatios de potencia planificada. Según la consultora Epoch AI, eso lo situaría por encima de Colossus 2, el centro de datos de xAI, que ronda 1,5 gigavatios. Para hacerse una idea, dos gigavatios equivalen aproximadamente a la potencia de dos reactores nucleares grandes.
No es el primero ni será el último
Ulanqab lleva más de una década atrayendo infraestructura digital. Huawei empezó a construir allí un centro de datos en 2013. En 2018, Apple anunció que alojaría parte de su servicio iCloud en instalaciones de la zona, y la plataforma de nube UCloud arrancó sus propias obras. En 2020 llegó Kuaishou, la aplicación de vídeos cortos rival de Douyin. Incluso DeepSeek, la firma de modelos de IA que saltó a la fama internacional, prevé sumar un gigavatio de capacidad de cómputo en la zona este año.
El gobierno local cifra en 89 los acuerdos de centros de datos firmados, de los cuales 86 están orientados específicamente a inteligencia artificial.
Terreno barato, viento y frío
La pregunta obvia es por qué una industria tan voraz en energía elige un rincón alejado de los grandes polos tecnológicos. La respuesta tiene tres patas. La primera, espacio: hay terreno de sobra y barato. La segunda, electricidad: la zona concentra casi el 10% de los recursos eólicos de toda China y un tercio de los de Mongolia Interior, lo que abarata el kilovatio hora hasta unos 0,35 yuanes, menos de la mitad de lo que cuesta en las provincias orientales.
La tercera es el clima. Con una temperatura media de 5 °C, buena parte del año se pueden refrigerar los servidores simplemente con aire exterior, sin necesidad de sistemas de climatización intensivos. Eso se traduce en un PUE —el indicador que mide cuánta energía extra consume un centro de datos por cada unidad que llega a los servidores— por debajo de 1,15, una cifra muy competitiva.
El coste eléctrico del boom
El reverso de esta expansión es el consumo. Los centros de datos chinos gastaron 170.000 millones de kWh en 2025, un 1,6% del consumo eléctrico nacional. La Administración Nacional de Energía, dirigida por Wang Hongzhi, calcula que en 2030 la cifra rondará los 800.000 millones de kWh, cerca del 6% del total del país.
Pekín ha respondido con un concepto que este año ha empezado a articular: coordinar la potencia de cómputo con el suministro eléctrico. La idea consiste en planificar conjuntamente generación, capacidad de red, almacenamiento y recursos informáticos para aprovechar mejor las renovables. La red eléctrica sería la base, la red informática el cerebro que decide dónde y cuándo computar, y las comunicaciones la autopista que lo conecta todo.
Construir no es lo mismo que usar
Hay un problema de fondo: gran parte de esa capacidad está infrautilizada. Según la Academia China de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, en 2025 solo se aprovechó el 36,8% de la capacidad de cómputo inteligente disponible en el país. La demanda sigue concentrada en las ciudades del este, a cientos de kilómetros de donde la electricidad es barata.
Ulanqab quiere corregirlo con un plan para 2026-2028 que aspira a superar los 200.000 petaflops de capacidad y, sobre todo, a cambiar de modelo de negocio: dejar de vender electricidad y cómputo en bruto para vender directamente tokens de IA, es decir, el procesamiento efectivo que consumen las aplicaciones. Una transición que muchos operadores europeos también observan con atención mientras crece la integración de la IA en el software empresarial.
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Elaborado a partir de información publicada por Xataka · Fuente primaria: documento original