La generación Z se rebela contra la IA y bloquea centros de datos
Solo el 22% de los jóvenes se declara esperanzado con la IA, según Gallup. Las protestas vecinales ya han frenado proyectos por 130.000 millones de dólares.

Las grandes tecnológicas daban por hecho que la generación que creció con internet en el bolsillo abrazaría la inteligencia artificial igual que abrazó el móvil o las redes sociales. Los datos apuntan justo a lo contrario: el rechazo juvenil crece, se organiza y ha encontrado un objetivo físico contra el que protestar, los centros de datos. Lo cuenta Xataka en un reportaje que recopila encuestas, protestas y cifras de inversión.
Los números del desapego
Según una encuesta de Gallup entre jóvenes de 14 a 29 años, solo el 22% dice sentirse esperanzado con la IA, catorce puntos menos que el año anterior. El enfado o el desapego suben al 31% y la ansiedad ronda el 44%. No es un matiz: es un giro de opinión en apenas doce meses.
El rechazo también se cuela en el trabajo. Un informe elaborado por Writer y Workplace Intelligence, citado en el reportaje, sostiene que un 44% de los empleados jóvenes admite entorpecer de alguna manera la estrategia de IA de su empresa. En declaraciones a The Verge, la extrabajadora del sector Sharon Freystaetter resumía el ambiente de su entorno: nadie de su círculo usa IA y casi todos están activamente en contra, salvo quienes estudian informática y prácticamente se ven obligados a hacerlo.
De los discursos de graduación a la calle
El malestar se ha hecho visible en escenarios poco habituales. El exconsejero delegado de Google Eric Schmidt fue abucheado en mayo durante un discurso de graduación en la Universidad de Arizona al defender que la IA va a transformar el mundo quiera o no la audiencia. La escena se repitió con otros ponentes en la Universidad de Florida Central y en la Universidad Estatal de Middle Tennessee.
También hay formas de protesta más extremas. En septiembre de 2025, el activista Michael Trazzi se declaró en huelga de hambre frente a la sede de Google DeepMind en Londres con un cartel que pedía parar la carrera de la IA. Días después, otro activista hizo algo parecido ante las oficinas de Anthropic, con una carta dirigida a su consejero delegado. Plataformas como Stop the AI Race organizan marchas ante las sedes de OpenAI, Anthropic y Google en San Francisco.
Resulta llamativo que esa exigencia de frenar coincida con el discurso de algunos directivos del sector. El propio Dario Amodei ha llegado a pedir frenar el ritmo de desarrollo de la IA, y en OpenAI también se ha planteado ralentizar el avance por motivos de seguridad.
El centro de datos como objetivo
Si los luditas del siglo XIX tenían telares que romper, aquí no hay una sola máquina: destruir un servidor no detiene nada, porque el modelo sigue funcionando en otro sitio. Por eso la protesta se ha desplazado a lo único tangible que queda: las instalaciones, los contratos públicos y las bonificaciones fiscales.
El reportaje recoge casos concretos en Estados Unidos. Una estudiante de 17 años se movilizó al enterarse de que se construiría un centro de datos junto a su instituto; en El Paso, un joven de quince años organizó una alianza vecinal contra una instalación de Meta después de conocer que la compañía obtenía una rebaja fiscal del 80%. Solo en el primer trimestre del año, la presión vecinal bloqueó o retrasó 75 proyectos valorados en 130.000 millones de dólares.
Empleo escaso, inversión récord
Detrás del enfado hay una preocupación económica muy concreta. Un informe de InfoJobs y Esade citado en el texto señala que las vacantes tecnológicas que no exigen experiencia cayeron un 41% en 2025, justo cuando más jóvenes buscan su primer empleo. Trazzi lo explicaba así en una entrevista con ABC: quienes terminan la universidad temen que la IA acabe haciendo todo lo que ellos saben hacer y no tienen claro cómo van a ganarse la vida.
Mientras tanto, el dinero fluye. Un informe de Stanford calcula que la inversión global en la industria de la IA alcanzó los 581.700 millones de dólares en 2025, más del doble que el año anterior, con los beneficios concentrados en un puñado de empresas. Ese contraste entre una inversión disparada y un mercado laboral que se estrecha es el combustible de la protesta, más allá de cualquier rechazo abstracto a la tecnología. Los análisis sobre el impacto de la IA en el empleo de oficina apuntan en la misma dirección.
Fuente: Xataka.
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Elaborado a partir de información publicada por Xataka · Fuente primaria: documento original