Bajar el termostato del frigorífico: cuánto influye de verdad en la factura
El divulgador energético Javier Dasí recuerda que el frigorífico funciona 24 horas y que ajustar su termostato reduce el consumo sin cambiar de aparato.

El frigorífico es el único gran electrodoméstico de casa que no descansa: funciona las 24 horas, todos los días del año, y no puede esperar a las horas valle como sí hace la lavadora o el lavavajillas. Por eso cualquier ajuste en su configuración se nota, aunque sea poco a poco, en el recibo de la luz.
El divulgador y experto energético Javier Dasí ha popularizado en TikTok un consejo tan simple que muchos usuarios nunca llegan a aplicar: revisar el termostato del frigorífico y del congelador en lugar de dar por buena la configuración de fábrica. La recomendación la recoge Omicrono, del diario El Español.
Por qué el frigorífico pesa tanto en la factura
Según los datos que cita el reportaje, el frigorífico puede llegar a suponer hasta un 30% del consumo eléctrico total de una vivienda. No es porque tenga una potencia especialmente alta —un compresor doméstico consume bastante menos que un horno o una vitrocerámica—, sino porque su funcionamiento es continuo: arranca y para durante todo el día para mantener la temperatura interior.
Esa es la clave del razonamiento de Dasí. Cuanto más frío le exijamos, más tiempo tiene que trabajar el compresor y más ciclos de encendido acumula. "La nevera y el congelador obviamente solo se encargan de enfriar lo que tienen dentro", resume el especialista, que insiste en que se puede reducir el gasto "de una forma fácil, sencilla y sin hacer ningún tipo de modificación ni inversión".
Qué temperatura conviene tener
El error habitual es pensar que cuanto más frío, mejor se conservan los alimentos. En la práctica, las temperaturas de referencia para la seguridad alimentaria son mucho más moderadas de lo que muchos usuarios configuran: alrededor de 4 o 5 ºC en el frigorífico y -18 ºC en el congelador, según el consejo que da Dasí.
Ojo con la lectura del panel de control, porque aquí hay un matiz que confunde a mucha gente. Bajar el termostato no significa poner un número más bajo de grados para que enfríe más: se trata de reducir la exigencia térmica, es decir, dejar de forzar el aparato a mantener temperaturas más frías de las necesarias. En los frigoríficos con escala numérica del 1 al 5 o del 1 al 7, el número más alto suele corresponder al frío más intenso.
El resultado, según el divulgador, es directo: "De esta forma enfriará menos, pero gastará mucha menos luz". Al reducir el esfuerzo del motor, los ciclos de trabajo se acortan y el desgaste del compresor disminuye, algo que también juega a favor de la vida útil del electrodoméstico.
Otros factores que suman
El ajuste del termostato no es la única variable. La colocación del aparato lejos de fuentes de calor, el estado de las gomas de la puerta, no meter comida caliente y evitar tener el interior demasiado vacío o demasiado abarrotado influyen en cuánto tiene que trabajar el compresor. Descongelar el congelador cuando acumula hielo también ayuda, porque la capa de escarcha actúa como aislante y obliga al sistema a funcionar más tiempo.
Conviene mantener las expectativas en su sitio: hablamos de un ahorro progresivo, no de una rebaja espectacular en el próximo recibo. Aun así, es una de esas medidas que no cuestan nada y que tienen efecto todos los días del año. En la misma línea de decisiones domésticas con impacto en el consumo está el debate sobre cuánta luz se ahorra al pasar a la inducción, donde también pesa más el uso que la etiqueta energética.
Y si el objetivo es reducir desperdicio además de gasto, existen herramientas digitales que ayudan a controlar el contenido de la nevera, como las apps que avisan de las fechas de caducidad.
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Elaborado a partir de información publicada por Omicrono · Fuente primaria: documento original