Así es por dentro un cable submarino: ocho capas para proteger la fibra
Polietileno, acero trenzado, aluminio y vaselina rodean unos hilos de fibra del grosor de un pelo. Así se blinda la infraestructura que sostiene internet.

Casi todo el tráfico de internet que llega a tu casa ha viajado antes por el fondo del mar. Los cables submarinos son la infraestructura menos visible y más crítica de las telecomunicaciones, y su diseño interno explica por qué pueden sobrevivir décadas a miles de metros de profundidad. Xataka Móvil ha repasado cómo son por dentro, capa a capa.
Casi tan gruesos como un brazo
La imagen mental habitual es la de un cable fino de fibra óptica tendido sobre la arena. La realidad es otra: en los tramos cercanos a la costa, donde el riesgo de daño es mayor, estos cables alcanzan un grosor comparable al de un brazo. Todo ese volumen no es señal, sino blindaje.
La estructura habitual, que varía ligeramente según el fabricante, se organiza en capas concéntricas que van de fuera hacia dentro:
- Polietileno: el escudo exterior, el primer contacto con el agua y con cualquier objeto que roce el cable.
- Cinta de tereftalato de polietileno (PET), un plástico con alta resistencia a la tracción que además aísla eléctricamente.
- Cables trenzados de acero, la capa que aporta dureza y evita que el conjunto se parta al tensarse.
- Una barrera de aluminio contra la entrada de agua.
- Otra capa de policarbonato.
- Un tubo de aluminio o de cobre.
- Un segundo sellado frente al agua a base de vaselina.
- Y, en el centro, los hilos de fibra óptica.
El número de hilos depende de la capacidad que se quiera dar al enlace. Como referencia, el cable Petal de Meta, cuya finalización está prevista para 2029, incorporará 96 hilos y una capacidad de un petabit por segundo. Un petabit equivale a un millón de gigabits: la escala a la que se mide hoy la columna vertebral de internet.
De qué hay que protegerlos
Tanto blindaje no es un exceso de celo. Los cables submarinos conviven con amenazas muy variadas. La más frecuente no es exótica: las anclas y los artes de pesca de los barcos causan buena parte de las averías, casi siempre de forma accidental y casi siempre cerca de la costa, donde el fondo es menos profundo y el tráfico marítimo más denso.
A eso se suman los movimientos del propio terreno —corrimientos, corrientes y accidentes geográficos del lecho marino— y la fauna. El caso de las mordeduras de tiburón se ha convertido casi en una leyenda del sector, pero las capas metálicas también están pensadas para resistirlas.
Y luego está el factor que ha ganado protagonismo en los últimos años: el sabotaje. La dependencia de esta red ha convertido a los cables submarinos en un objetivo geopolítico, con varios incidentes recientes en aguas europeas que han disparado la vigilancia sobre estas rutas.
Reparar en alta mar es caro y lento
El otro motivo del blindaje es económico. Arreglar un cable roto exige localizar el punto exacto de la avería, enviar un buque cablero, izar los dos extremos desde el fondo, empalmarlos a bordo y volver a depositarlos. Es una operación que se mide en días o semanas y que cuesta millones, a lo que hay que sumar el perjuicio del corte de servicio mientras dura.
Por eso los operadores prefieren invertir en protección desde el origen: en los tramos costeros se usan versiones con armadura reforzada e incluso se entierran bajo el lecho marino, mientras que en aguas profundas, donde el riesgo de interferencia humana es mínimo, el cable es notablemente más fino.
Una red que no para de crecer
La demanda de capacidad no deja de subir, impulsada por el vídeo, la nube y ahora los centros de datos de inteligencia artificial. De ahí que los grandes operadores digitales hayan pasado de alquilar capacidad a financiar sus propios tendidos, como hace Meta con Petal.
En paralelo, la investigación busca exprimir más tráfico por cada fibra: en los laboratorios ya se han demostrado récords de transmisión con fibras multinúcleo que multiplican por varias veces lo que mueve un cable comercial actual. La alternativa satelital, con propuestas como las de los nuevos precios dinámicos de Starlink, cubre zonas sin infraestructura, pero no sustituye a la capacidad ni a la latencia de un cable de fibra en el fondo del océano.
Fuente: Xataka Móvil.
- cables submarinos
- fibra óptica
- telecomunicaciones
- infraestructura de internet
- Meta
Elaborado a partir de información publicada por Xataka Móvil · Fuente primaria: documento original