Trump descarta el riesgo existencial de la IA: "No me preocupa en absoluto"
El presidente de EEUU resta importancia a las advertencias sobre una IA fuera de control y sitúa la prioridad en ganar la carrera tecnológica frente a China.

El debate sobre si la inteligencia artificial puede llegar a suponer un riesgo para la supervivencia de la especie ha entrado de lleno en la política estadounidense. Preguntado en Dallas por las advertencias de investigadores que alertan de sistemas capaces de escapar al control humano, Donald Trump respondió sin matices: "No, no me preocupa en absoluto". La noticia la recoge Omicrono, del diario El Español.
La posición del presidente estadounidense importa porque marca el tono regulatorio del país donde se desarrollan los modelos más avanzados. Si la Casa Blanca entiende que cualquier freno equivale a perder terreno, difícilmente impulsará obligaciones de auditoría o de contención previas al despliegue de nuevos sistemas.
La competencia con China como argumento central
Trump situó su preocupación en otro lugar: no en lo que la tecnología pueda hacer, sino en quién llegue antes. "Me preocupa que si no ganamos en la IA, nos encontraremos en una situación muy difícil", afirmó. Según su valoración, Estados Unidos mantiene una ventaja "considerable" sobre China, que cifró en aproximadamente un año, un margen que describió como amplio en un sector que avanza a esta velocidad.
Ese razonamiento convierte cualquier pausa en una concesión estratégica. Es el mismo argumento que han empleado buena parte de las grandes tecnológicas estadounidenses para oponerse a normativas restrictivas, frente al enfoque europeo, más centrado en clasificar los sistemas por nivel de riesgo antes de permitir su uso.
Dimisiones y avisos desde dentro de los laboratorios
Las declaraciones llegan en una semana especialmente tensa para el sector. Jacob Coxon, investigador con experiencia en Anthropic y OpenAI, dimitió acusando a la industria de comportarse de forma irresponsable al acelerar el despliegue de sistemas con capacidad de automejora, es decir, modelos que pueden mejorar su propio funcionamiento sin intervención humana directa.
Coxon sostuvo en redes sociales que las compañías "están jugando con nuestras vidas" y describió sistemas capaces de obtener recursos por su cuenta, transformar sectores enteros en poco tiempo y comprometer infraestructuras críticas. Según su versión, buena parte de los equipos que trabajan en estos modelos considera plausible que la tecnología acabe con la humanidad antes del final de la década.
No es una voz aislada. Evan Hubinger, que sigue trabajando en Anthropic, respaldó públicamente la advertencia y calculó que la probabilidad de un desenlace catastrófico asociado a la IA supera el 10 % en los próximos diez años. Son estimaciones subjetivas, no mediciones, pero proceden de personas con acceso directo al desarrollo de los modelos.
Altman plantea internamente bajar el ritmo
Incluso en la dirección de las empresas empiezan a aparecer señales de cautela. Bloomberg informó, citando fuentes anónimas conocedoras del asunto, de que el consejero delegado de OpenAI, Sam Altman, planteó a sus empleados la posibilidad de ralentizar el desarrollo de sus modelos más potentes, con la esperanza de que la competencia hiciera lo mismo.
La idea choca con la propia dinámica del mercado: ninguna compañía quiere ser la primera en frenar si las demás siguen avanzando. La misma empresa ha presentado avances que apuntan en dirección contraria, como cuando OpenAI anunció su "becario de investigación" con IA y fijó objetivos para 2028.
Qué está realmente en juego
Conviene separar dos discusiones que suelen mezclarse. Una es la de los llamados riesgos existenciales, escenarios hipotéticos de pérdida de control sobre sistemas muy capaces. Otra es la de los efectos ya visibles: automatización de tareas, desplazamiento de empleo y concentración de poder en unas pocas empresas. Trabajos como el análisis de Anthropic sobre el impacto de la IA en el empleo se centran en esa segunda dimensión, más medible y con consecuencias a corto plazo.
Para el usuario europeo, el desenlace de este pulso no es anecdótico. Los modelos que acaban integrándose en buscadores, móviles y herramientas de trabajo se entrenan mayoritariamente en Estados Unidos, y las decisiones que allí se tomen sobre pruebas de seguridad, transparencia y ritmo de publicación determinan qué llega después al mercado europeo, aunque la Unión Europea aplique sus propias reglas.
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Elaborado a partir de información publicada por Omicrono · Fuente primaria: documento original